Fuego con agua. Exposición de Carmen La Griega y Oliver Indri

Fotos inauguración de la exposición Fuego con agua

Vistas de las salas de la exposición Fuego con agua

Poparte galería, tiene el placer de invitarle a la exposición “Fuego con agua”, de los pintores Carmen La Griega y Oliver Indri, dos formas de ver el arte, él lo enciende y ella lo aplaca.

ADOPTA UN SER DE CARMEN LA GRIEGA

La diosa madre es fea. Es tan feísima que mirar su cara es olvidar que una vez existieron formas. Sin embargo es capaz de dar la vida, el poder más envidiado por los demás dioses. Pero solo puede ejercerlo cuando está distraída. Ocurre en su cuerpo tal como se da un estado atmósferico. Es fecundada y pare. Los seres a los que da a luz son bellísimos. Al verlos olvida uno que una vez existieron formas.

A veces intento atrapar un concepto al modo de uno de esos cazadores decimonónicos de lepidópteros, con su red. Pero el concepto es líquido y se cuela por los agujeros. No consigo quedarme con nada.

En cambio, Carmen la Griega tiene sus pinturas. Aplastan contra sí esos conceptos líquidos y capturan de él un instante. Y en ese instante viven y mueren seres.

La Griega cada día engendra, se embaraza y se entrega al parto de uno de estos seres. Los llama así, «seres» y los mira con ojos de madre. A veces son aberraciones, no tienen del todo cara. Se olvidan y se asustan, se dejan hundir en el agua hasta ahogarse. Y su madre está ya fecundada, creando otros, pero los tiene a todos en mente, tal como a nosotros se nos dijo que la divina providencia de un padre lejano nos cuida. Suerte ellos, que tienen una diosa madre en vez de un dios.

Alcanzar el poder divino de dar vida es uno de nuestros anhelos. Pero eso solo puede hacerse distraídamente. La fecundación no puede ser buscada. Solo ocurre.

Estás de suerte. Adopta un ser. No diré que va a bendecirte, porque son imprevisibles. Igual huye del lienzo para comerse tus galletas por la noche. Es factible que te haga ganar millones a la lotería. O igual decide ser por completo inútil y solo late con su mirada tristona en una pared de tu piso, soñando con ser otro.

Goretti Irisarri, Madrid, 2019

Y EN EL PRINCIPIO NO FUE EL VERBO

LO DIVERSO ES UNO Y LO MISMO y bajo lo diferente late el orden y la belleza. Cosmos. En un principio fue lo indeterminado, lo absoluto, el uno. En su seno la injusticia perturbadora pugnó por separar lo que estaba unido, surgiendo así las múltiples partes que  volverán a integrarse en la unidad cuando la justicia triunfe de nuevo sobre el desorden.

El universo de Oliver Indri no es el universo de Demócrito, lleno de átomos y vacío. En un principio fue un ARJE indeterminado, un APEIRON jónico que en su representación plástica se expresa en una  materia sin atributos, sin adjetivos, que pugna por convertirse en sustancia adjetivada , anhelante por alejarse de lo común para alcanzar lo irrepetible. En el pintor , los matices estridentes de colores se imponen sobre los tonos neutros primigenios para alcanzar matices únicos. Del indeterminado caos oscuro, opaco, al colorido cosmos. Pero el artista no olvida que la belleza de lo diverso depende únicamente del orden latente, a penas percibido ya,  de la unidad. De lo uno a lo múltiple. En cada lienzo, en cada dibujo, siempre esa misma búsqueda que la fuerza de su mente traslada a la contundencia de su pincel convirtiéndose en lucha, en tensión,  en agonía.

El pintor, el poeta, el pensador no es ajeno a su propio contexto cultural y, junto a los estallidos de luz que emanan con fuerza de lo profundo pugnando por individualizarse , evoca también la expresión religiosa de la emanación obviando el concepto de creación. Jehová o un cristianismo avant la lettre que subraya los círculos infinitos de Brahama, místicas orientales   que contemplan lo uno bajo lo diverso. Cuando el artista cae en la tentación de la imaginería religiosa para alcanzar la diversidad, no puede aceptar convencionalismos. Sus personajes tienen algo de muñecos cómicos , de seres primitivos, quizás pobladores de otros mundos, pesados, humanos, demasiado humanos, seres animados unidos a la tierra que servirían a Nietzsche en su GAYA CIENCIA. Esos seres fantasmagóricos recuerdan a veces una versión moderna, dramatizada ,de un JARDIN DE LAS DELICIAS en el que el sueño de la razón de Goya pusiera tintes oscuros al Bosco.

REENCARNACIONES?. Ni el poeta ni el filósofo simpatizan con lo que termina por mucho que canten al instante. La nostalgia del ayer, la incertidumbre del mañana y lo efímero del hoy hacen inmortal al poeta. El círculo pitagórico sin principio ni fin enmudece al filósofo siempre en búsqueda de esencias permanentes. Oliver Indri también encuentra en la reencarnación un estado de justicia. Lo que era uno se hace múltiple pero esa diversidad es sólo provisional; lo diferente , siempre en tensión respecto a la unidad originaria ,pugnará inexorablemente por mantenerse en el ser y en esa evolución se verá abocado a adoptar diferentes apareceres antes de alcanzar la morada final en su último retorno. Quizás sea tan sólo un anhelo , quizás el retorno no sea más que un viaje eterno desde el espejismo del instante a lo uno para volver a ser diverso en un cambio polimórfico. Así podría hacerse una lectura secuencial de esas manos que parecen impulsadas por una fuerza centrífuga y que en el dibujo siguiente tienden de nuevo al centro donde quedan atrapadas en el núcleo original hasta que en una tercera secuencia , que presumo virtual , tornarían de nuevo a emanciparse en tensión continua con la atracción del origen. Me intrigan también esos personajes casi simétricos, apenas diferenciados por la luz, evocadores  quizás del inicio de una reencarnación , instante preciso en que el soplo de un ser es asumido por otro.Figuras complementarias firmemente trabajadas por un poeta ceramista , inclinadas reverentemente en silencio, sin colorido perturbador y ruidoso. El objeto de la reverencia está muy lejos de ser un mundo de realidades bizarras. El artista ha colocado en el centro del lienzo tres figuras geométricas sagradas. Dos triángulos pitagóricos , grafismos evocadores de la TETRAKTYS, el perfecto número 10, cabalístico, pitagórico, quizás también chino,  que integra en su seno la completitud del sistema métrico decimal, objeto de culto y altar de juramentos;  y también el círculo donde principio y fin se confunden en ese todo primigenio siempre presente en la obra del pintor. De nuevo lo diverso, esta vez representado en su mínima expresión, sin recurrir al  color, con el único recurso a la dualidad de los personajes. Dos elementos mínimamente diferenciados sumisos ante la más perfecta unidad.

EN UN PRINCIPIO NO FUE EL VERBO. El oscuro APEIRON en el que el artista piensa, condensa todos los colores de su paleta sin identificarse con ninguno de ellos. Es la luz sin brillo, absorbente,  sin rayos, la que a fuerza de multiplicar los matices los ahoga todos en un pozo oscuro, compacto y denso. El hombre original, esa figura negra pero perforada de luz, abierto el corazón del que emana un círculo de instintos animales, es una expresión pictórica del aparecer. Lo diferenciado surge con fuerza, rompe el caos , destroza la oscuridad que todo lo hace uno. Poco a poco el hombre se hace individuo, extrae de si mismo las semillas que configuran ese mundo diferenciado, soñado, en el que creerá pasar algún tiempo. Espejismo inocente del que pronto despertará asumiendo de nuevo lo opaco.

EL POETA, EL HACEDOR. La obra de Oliver combina la abstracción del filósofo con la creatividad del poeta y muy significativamente con la destreza del artesano. En la formación de su cosmos uno esperaría contemplar la culminación del proceso en la profusión de cosas prolijamente adjetivadas e irrepetibles. Un mundo barroco lleno de detalles y descripciones exhaustivas. Pero el artista-pensador no puede obviar en ninguna de sus expresiones la presencia continua del caos, la referencia permanente al origen. Como lo haría un ceramista, el artista parece construir con sus manos esos personajes, esas figuras de formas básicas, pesadas, frecuentemente opacas y oscuras que parecen evocar en todo momento la identidad de su origen. Estridencias de colores, recursos desesperados por buscar lo diferenciado. El contemplador, sumido ya en el universo de Anaximandro al que el artista le ha llevado, no se deja ya engañar fácilmente por los estallidos luminosos que evocan el ardor de la vida aparente. En todas y cada una de sus obras, percibe el mundo que los jonios señalaron, un universo de aparentes diversidades obstinadas en evocar un origen único, absoluto, principio y fin donde todo se confunde y de donde todo procede.

VERDAD-APARIENCIA?. Pregunta recurrente de ese  poeta-filósofo , amigo,  Oliver Indri

Luisa López Gastey – Catedrática de filosofía y jurista, estudiosa y coleccionista de arte –