La isla concreta 2

Fotos exposición La isla concreta 2  

Obras de La isla concreta 2

La isla concreta 2 es un ejercicio curatorial que pretende recuperar el relato de la abstracción geométrica en Cuba, muy fragmentado, parcializado y relegado a partir de la llegada de la revolución cubana. Esta muestra forma parte de un proyecto que tuvo su lugar de origen en América fría. La abstracción geométrica en Latinoamérica (1934-1973), exposición organizada por la Fundación Juan March entre febrero y mayo de 2011 que buscaba cartografiar la complejidad geométrica latinoamericana, sus reinvenciones y rupturas en este plano y en la que se insertó por primera vez el discurso geométrico insular, hasta esa fecha definitivamente ausente en revisiones de este orden.

A este primer abordaje, que también pretendía vincular la geometría  en América Latina con una idea de modernidad heterogénea, contradictoria y eminentemente urbana, se sumó La isla concreta, muestra que pudo verse en Sao Paulo organizada por  Dan Galeria entre septiembre y octubre de 2016. El proyecto presentado en Dan Galería se enfocó exclusivamente en el grupo Diez Pintores Concretos, de corta existencia(su creación se gestó en 1958 y  en 1961 cesan su actividad grupal) y escasas exposiciones, pero con una trascendencia para el medio artístico cubano que sólo en estos últimos años se empieza a valorar adecuadamente.

La isla concreta 2 no reduce su atención sólo a los concretos insulares, es un proyecto más transversal y heterodoxo porque busca también las fuentes de la abstracción cubana en otros espacios, asociaciones y técnicas que hasta el momento no han sido vinculadas coherentemente con la llegada del rigor geométrico a Cuba. La tempranísima presencia de composiciones geométricas en la obra fotográfica de José Manuel Acosta se incorporan a este nuevo capítulo junto a las obras de Viredo Espinosa, quien por su obra planimétrica y esencialmente inspirada por las religiones africanas asentadas en Cuba  puede ser considerado casi un disidente dentro de su membresía en Los Once, agrupación anterior a los concretos que hacía un guiño permanente a la abstracción de corte lírico. En este sentido, la incorporación de la obra temprana de Zilia Sánchez, de la primera mitad de los cincuenta del pasado siglo,  muy en la órbita de Los Once, pero sin formar parte de ellos, con un ejercicio plástico a mitad de camino entre los líricos y concretos insulares nos ofrece una nueva aproximación, más abierta e intuitiva a nuestra experiencia geométrica y a sus posibilidades de reivindicación.

Dolores (Loló) Soldevilla Nieto. Nace en Pinar del Río, Cuba, el 24 de junio de 1901 y fallece en La Habana, Cuba, el 5 de julio de 1971.

Aún niña, a los once años, se traslada con la familia a la capital del país, La Habana. A partir de 1930, sufre repetidos arrestos por su actitud combativa en contra de la dictadura de Gerardo Machado. En 1935 permanece encarcelada durante varios meses en la Cárcel de Mujeres de Guanabacoa. Participa activamente en las campañas de apoyo a la República Española, tras el estallido de la Guerra Civil.

A fines de la década de 1940, se instala en París, donde frecuenta los talleres de Jean Dewasne, Ossip Zadkine y Edgar Pillet, acercándose al grupo de artistas venezolanos Los Disidentes. En  1950 viaja a La Habana para realizar su primera muestra individual, intitulada Esculturas, en el Lyceum Lawn Tennis Club. Luego se incorpora como agregada cultural de la Embajada de Cuba en Francia. En París conoce al pintor español Eusebio Sempere, con quien entabla una relación sentimental, ambos exponen juntos en Valencia en 1954. En 1957 Loló viaja a Venezuela, tras ser invitada a exponer su obra en el Centro Profesional del Este, en Caracas. La acompaña el pintor Pedro de Oraá, con quien funda ese mismo año la Galería de Arte Color-Luz, en La Habana.

Entusiasmada con el triunfo de la revolución cubana, en 1959 se incorpora como redactora al periódico Revolución. Trabaja para los talleres de artesanía del INIT (Instituto Nacional de la Industria Turística) y dicta clases de artes plásticas en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de La Habana. En 1963 publica su crónica Ir, venir, volver a ir, por Ediciones Revolución, y el año siguiente la novela El farol, a la vez que funda el grupo Espacio. Poco después se integra en la redacción de Granma, periódico oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.   

José Manuel Acosta Bello. Nace en Matanzas, Cuba, el 2 de diciembre de 1895 y fallece en La Habana, Cuba el 28 de febrero de 1973.

Artista autodidacta, desde 1923 fue miembro fundador de la Asociación de Pintores y Escultores de La Habana. Desde el punto de vista político formó parte del Grupo Minorista, participó en la Protesta de los Trece y la constitución de la Falange de Acción Cubana. Protagonistas de una colosal obra cultural que se conoció gracias a la acogida de publicaciones como Social, Carteles y la Revista Avance, los minoristas firman, en mayo de 1925 el Manifiesto contra la complicidad del Gobierno de Zayas con el tirano Juan Vicente Gómez . Padre de Leonardo Acosta, periodista, musicólogo, crítico literario y músico de profesión (1933-2016) y hermano del poeta Nacional de Cuba, Agustín Acosta (1886-1979).

Entre 1924 y 1929 Acosta participa en incontables exposiciones colectivas, entre ellas el Salón de Bellas Artes (1924), en la Asociación de Escultores y Artistas y una década más tarde en el Lyceum de La Habana (1939). A su fecunda labor como dibujante, ilustrador gráfico y pintor, José Manuel suma, como se ha apuntado, su inserción en el importante movimiento afrocubanista que integran, entre otros, Fernando Ortiz, Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Alejo Carpentier, José Antonio Portuondo, José Zacarías Tallet y Regino Pedroso.

Su entusiasmo por la poesía negra que tuvo su apogeo en el panorama lírico cubano entre 1923 y 1958 lo lleva a ilustrar las primeras ediciones del Glosario de afronegrismos. Publicado en 1924 por la imprenta habanera “El Siglo XX” y reeditado, casi setenta años más tarde, por la Editorial de Ciencias Sociales (1990), este Glosario fue el resultado de los profundos estudios realizados por el sabio Fernando Ortiz (1881-1969) en torno a la cultura afrocubana. Al sumar su aporte a tan importante obra, el vanguardista José Manuel no sólo legitima su nombre como personalidad significativa de la plástica insular, sino que además subraya su interés por todo aquello que contribuya al conocimiento y reconocimiento de nuestra personalidad como nación. Con motivo de la edición del emblemático volumen, Social publicó una breve reseña, en noviembre de ese año. La misma es acompañada por la reproducción de la portada. Un rostro de rasgos negros, en una imagen irrefutablemente cubista y pequeños iconos alusivos también a la cultura africana apuntan a la habilidad de Acosta para hacer confluir el lenguaje de la plástica moderna en el contexto de la cultura y la identidad cubanas.

Después de 1927 José Manuel viaja con su esposa Esperanza Sánchez, a Estados Unidos, donde es invitado por un productor que había visto sus dibujos. Contratado por el norteamericano se establece por un tiempo (entre 1930 y 1931) en Nueva York. Allí coincide con Rubén Martínez Villena y trabaja para varias revistas como dibujante y fotógrafo. La mayor parte de estas publicaciones se vinculan al mundo del arte, en especial al teatro y la danza. Las revistas Dance Magazine , Theater Magazine y Vanity Fair , para las que trabaja, develan al público norteamericano la destreza de este artista cubano, al que le cuesta acostumbrase a la bulliciosa metrópoli de elevados edificios y temperamento agitado. Para la primera de esas publicaciones creó incontables cubiertas.

En Nueva York, José Manuel y Esperanza se encuentran a menudo con Villena, quien celebra la buena acogida con la que su coterráneo es recibido en la competitiva plaza artística. Más adelante lamentará la decisión de ambos de regresar a Cuba, justamente cuando el reconocimiento de Acosta se ensanchaba con cada nueva entrega. Este sentir lo trasmite Rubén en una postal que les envía a La Habana , desde la Unión Soviética. Era marzo de 1931 y el intelectual revolucionario pensaba en la crítica situación que vivía la isla y en las trabas de una prensa manipulada que poco o nada podía ofrecer al amigo artista.

Como fotógrafo artístico José Manuel llegó a crear una poética signada por valores estéticos que se alejan de la fotografía tradicional y de géneros. Los motivos geométricos y la originalidad de sus imágenes no pudieron ser entendidas por los autores apegados a las reglas del academicismo, recibiendo críticas inflexibles del Boletín Fotográfico, en el que predominaban los criterios academicistas del Club de Fotografía , del cual Acosta era miembro desde 1940 (en 1941 labora como fotoreportero para el periódico Tiempo Libre ).

Entre sus referencias se contaba el pintor y fotógrafo estadounidense Man Ray (1890-1976), quien estuvo vinculado a la vanguardia francesa y a los movimientos plásticos Dadá y Surrealista. Innovador de la técnica fotográfica, Ray creó imágenes memorables, donde luces y sombras confieren a los modelos una atmósfera y una psicología especiales. Otros de sus paradigmas fueron la italiana Tina Modotti, el norteamericano Edward Weston, (compañero en un tiempo de la anterior y uno de los primeros en considerar a la fotografía obra de arte), el también norteamericano Paul Strand, quien captó primeros planos de objetos comunes como maquinarias o instrumentos de cocina, sin apartarse de los tradicionales temas del retrato y el paisaje, John Heartfield, pionero alemán del fotomontaje y Martin Munkacsi.

Dibujante, pintor, fotógrafo y diseñador gráfico, ilustró varios libros de su hermano, en especial La zafra. En la primera mitad del siglo XX, Acosta había colaborado directamente con emblemáticas personalidades de la cultura cubana (su hermano Agustín Acosta, José Zacarías Tallet, Juan Marinello, Fernando Ortiz) para los cuales no titubeó a la hora de ilustrar versos y textos de índole diversa. Otro tanto sucede después del triunfo de 1959, cuando Samuel Feijóo (1914-1992) lo llama para reproducir varios dibujos y fotografías suyas en la revista Signos , dirigida entonces por el escritor. Impresionado, Feijóo calificará a José Manuel de “estupendo dibujante cubista”, sumando su nombre al de los numerosos intelectuales y artistas que encomiaron el quehacer plástico del matancero. Protagonista de varios sucesos históricos, no ha recibido, a pesar de ello, el reconocimiento que merece por parte de la historiografía del arte en Cuba.

Entre sus exposiciones personales más importantes se encuentran la realizada en 1939 “Exposición de fotografías de José Manuel Acosta” en el Lyceum de La Habana y en 1988 “El talento precursor de José Manuel Acosta” en la Fototeca de Cuba.  Ésta, conjuntamente con los artículos de Aida Mesa y de María Eugenia Haya, publicados a principios de la misma década, son algunos de los reconocimientos de que ha sido objeto su obra en los últimos lustros.

Waldo Díaz Balart. Nace en Banes, Cuba, el 10 de febrero de 1931, desde 1970 reside y trabaja en el barrio de Lavapiés de Madrid.

En 1954 se diploma en Contabilidad por la Universidad de la Habana y de 1955 a 1957 cursa estudios de Posgrado en Ciencias Políticas y Económicas en la Universidad de Santo Tomas de Villanueva de La Habana, Cuba. Inicia en 1959 hasta 1962 estudios de Arte en el “Museo de Arte Moderno” (MoMA) de Nueva York.

En Nueva York entabla amistad con Andy Warhol y de repente se encuentra inmerso en la atmósfera de libertad, dentro de un ambiente altamente creativo, como lo era “The Factory”. La libertad de todos los condicionamientos artísticos impuestos hasta entonces, fue el logro obtenido por Malevich y Mondrian al fundir espacio-tiempo en la obra de arte. En las pinturas de los años sesenta, Waldo utiliza las enseñanzas de Albers para encontrar un espacio sensible a través de la armonía o de la tensión que producen la inter-acción de los colores bajo el efecto de push & pull, idea básica que con las variantes ideológicas subsiguientes continúa presente en su obra. Primeramente busca estos resultados en la superficie plana del lienzo y posteriormente superpone unos lienzos sobre otros mayores y por el efecto de la Inter-acción de los colores trata de destruir sensiblemente ese espacio físico, previamente creado. Tiene en su haber medio centenar de exposiciones individuales y más de 170 exposiciones colectivas en Europa, Estados Unidos y América Latina. Ha publicado los libros: Ensayos de Arte (Betania 1993) y La práctica del arte concreto. El camino hacia el conocimiento de la sociedad europea (Aduana Vieja 2011).

Sandu Darie. Nace en Roman, Neamt, Rumanía, el 6 de abril de 1908 y fallece en La Habana, Cuba, el 2 de septiembre de 1991.

Estudia Derecho en París entre 1926 y 1932. En esta ciudad conoce a escritores y artistas surrealistas y trabaja como crítico de arte para periódicos rumanos. En 1940 se enrola como voluntario en el ejército francés y al año emigra a Cuba, donde se radica en definitivo. En 1945 obtiene la nacionalidad cubana.

En 1949 empieza a cartearse con Gyula Kosice, cofundador del Grupo Madi, que pasa a invitarle periódicamente a participar de las exposiciones del colectivo. Desde 1958 hasta 1961 integra el grupo Diez Pintores Concretos. Participa de la fundación de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) en 1961 y, en 1963, se desempeña como asesor del Conjunto Experimental de Danza de La Habana.

Entre sus diseños, se destacan: 1962- En colaboración con los pintores Martínez Pedro y Mariano Rodríguez, realiza los diseños de vestuario y escenografía para la obra 3 Misterios: Lucumí, Abakúa y Ochún, producción del Conjunto Experimental de Danza de La Habana, estrenada en el Teatro García Lorca, bajo la dirección de Alberto Alonso 1968- Construcción cinética para el cine Radiocentro (actualmente Cine Yara, ya despojado de la obra) y construye una fuente luminicocinética en el terreno de la ENA (Escuela Nacional de Arte) La Habana, Cuba.  1971-Director de iluminación cinética, Ballet Dinamia, Ballet Nacional de Cuba, Ciudad Deportiva, La Habana, Cuba. 1981-Realiza El Árbol Rojo, escultura ambiental instalada en el Palacio de los Pioneros Ernesto Che Guevara, del Parque Lenin y colabora con el Ballet Nacional de Cuba en el espectáculo Prisma, presentado en el Festival de Ballet de La Habana, que se realiza en el Teatro Mella, La Habana, Cuba. 1984- Realiza el proyecto de escultura Átomo para la paz, para la Central Electronuclear de Cienfuegos, Cuba.

Por sus méritos artísticos en 1981 el gobierno cubano le confiere la Distinción por la Cultura Cubana.

Viredo Espinosa. Nace en Regla, La Habana, Cuba, el 14 de octubre de 1928 y fallece en Costa Mesa, California, Estados Unidos, el 26 de agosto de 2012.

Miembro del precursor grupo Los Once, cuya existencia entre 1953 y 1955 significó la apertura al arte abstracto cubano y la puesta en sintonía del arte moderno cubano con las propuestas de avanzada de la época, la vida y obra de Viredo es ante todo un canto a la cultura cubana.

Viredo Espinosa nació en el icónico pueblo de Regla, caserío de pescadores y obreros estrechamente ligado a la industria portuaria, asiento de religiones afrocubanas, cuna de músicos y bailadores. Desde niño, el artista se sintió atraído por el vivo folclore que inundaba la vida de su ciudad natal. El mismo Viredo relata como acostumbraba a asistir con amigos a celebraciones afrocubanas diversas donde se dedicaba a transcribir las libretas de los practicantes; en otras, a dibujar las enigmáticas firmas ñáñigas. Este contacto directo con el baile, la música y la religiosidad tanto afrocubana como católica van conformando el imaginario que acompañarán por siempre al maestro.

Convencido de su pasión por las artes, Espinosa cursó estudios de arquitectura en la escuela de Artes y Oficios y de Bellas artes en la prestigiosa Academia de San Alejandro. Desde muy temprana fecha colaboró haciendo ilustraciones para publicaciones periódicas como el periódico Zig-Zag y aprendió el oficio de rotulador que le llevará de la mano al ejercicio de la pintura mural.

La obra de Viredo Espinosa puede ser resumida en tres etapas fundamentales. Una primera etapa, de la que forman parte sus pinturas murales y que el artista califica como influencia del dibujo infantil; una segunda etapa, marcada por la impronta de la abstracción geométrica y donde se localizan las obras realizadas mientras el artista formara parte de Los Once y, finalmente, una tercera etapa, ya en el exilio, donde la confluencia de las dos etapas anteriores conduce a un simbiosis que dará lugar al estilo definitivo que le caracteriza y donde la presencia de las costumbres de su Cuba natal y en específico, de Regla, son fundamentales.

La obra de Viredo Espinosa irrumpió en la escena artística habanera en 1948, durante la Feria del libro organizada por el Ministerio de Educación en el Parque Central de La Habana donde se incluyeron dos de sus pinturas y, más tarde, en 1953, cuando recibiera el encargo para la realización de los murales y vitrales del Embassy Club del Vedado.

Sin embargo, los años sombríos de la dictadura batistiana y más tarde la negativa de Espinosa a integrarse al sistema político de la revolución castrista, eclipsan durante varios años la producción de Espinosa quien, finalmente, en febrero de 1969 logra salir de Cuba gracias a los denominados Vuelos de la libertad. Espinosa y su esposa Alicia Sánchez, llegan primero a Miami, y luego se trasladan a Los Ángeles, donde los acoge un amigo.

Desde allí continuó Espinosa su trabajo infatigable que compartía entre la decoración de vidrieras y su faena como pintor, hasta que en 1977 pudo dedicarse por entero de nuevo a la pintura.

Numerosos son los galardones recibidos por Espinosa, destacando entre ellos la distinción de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y de la Asamblea Estatal de California. En el año 2000, recibió la prestigioso galardón “La Palma Espinada”, otorgada por el Instituto Cultural Cubano Americano.

La ciudad de Miami, a quien el artista consideraba como su casa, tuvo el goce de disfrutar de una muestra de la obra de Viredo en el 2003, en la Maxolly Art Gallery. Su última muestra personal tuvo lugar, en febrero de 2012, en la Old Town Galley de Tustin, California.

Incansable creador, la obra de Viredo Espinosa es un canto al trópico y a ese ajiaco que –como bien definiera Fernando Ortiz– conforma la cubanidad, donde las creencias más diversas y las razas más disímiles se amalgaman y cuecen al fuego de los cuatro vientos. Tal vez por eso, el maestro Viredo Espinosa aún cuando nunca regresó a Cuba, siempre estuvo cerca del mar, en contacto directo con la ola y el salitre, cerca muy cerca de su natal Regla, esa que siempre trasluce en sus cuadros.

Pedro Carmelo Álvarez López. Nace en La Habana, Cuba, en 1922

En 1942 estudia en la Escuela Elemental de Artes Plásticas Aplicadas, anexa a la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, La Habana, Cuba. En 1947 viaja a Estados Unidos donde sigue cursos libres en diversos museos de la costa atlántica. Entre 1958 y 1961, integra el grupo Diez Pintores Concretos.

Zilia Sánchez Domínguez. Nace en La Habana, Cuba, el 12 de julio de 1928

Residió en España entre los años 1960 y 1962, en los Estados Unidos desde 1962 hasta 1971 y finalmente se instaló en San Juan, Puerto Rico. Se destacó en manifestaciones creativas como la pintura, la escultura, el dibujo y el diseño gráfico. Graduada de la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro en 1957, entre los años 1966 y 1968 estudió en el Instituto Central de Conservación y Restauración, Madrid, España y continuó su educación en el Pratt Institute de Nueva York, Estados Unidos, desde 1968 hasta 1970.

Entre las muestras personales realizadas por ella se encuentran: En 1953 la realizada con su propio nombre Zilia mostrada en el Lyceum, La Habana, Cuba. En 1967 presentó sus obras en la Galería El Bosco, Madrid, España. En el año 1984 presentó Erótica en la Intar Latin American Gallery, Nueva York, EEUU. Otra de sus muestras tuvo lugar en 1991 Zilia Sánchez. Tres Décadas en el Museo Casa Roig, Humacao, Puerto Rico.

Entre las varias exposiciones colectivas en las que participó se encuentran: En 1948 el XXX Salón de Bellas Artes, Círculo de Bellas Artes, La Habana, Cuba. Estuvo también incluida en la selección para la 5a. Bienal de Sao Paulo en 1959 desplegada en el Parque Ibirapuera, Sao Paulo, Brasil. En el año 1997 participó en la exposición Breaking Barriers. Selections from the Museum of Art’s Permanent Contemporary Cuban Collection del Museum of Art, Fort Lauderdale, Florida, Estados Unidos.

Su obra está representada en varias colecciones del mundo como la de la Corporación Bienal de Medellin, Colombia, también en el Instituto de Cooperación Hispánica, Madrid, España; y en el Metropolitan Museum and Art Center, Miami, Florida, Estados Unidos.

Ha obtenido varios premios y reconocimientos a su quehacer artístico. En 1951 obtiene el Premio Segundo Salón Leopoldo Romañach, La Habana, Cuba. En la misma década obtiene una beca del Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, España. Otro de los premios que ha recibido es el Prize for Excellency, Metro Art Gallery, Nueva York, EEUU en 1986.

Luis Darío Martínez Pedro. Nace en La Habana, Cuba, el 19 de diciembre de 1910 y fallece en la misma ciudad, el 11 de abril de 1989.

En 1929 ingresa en la facultad de arquitectura de la Universidad de La Habana, pero tras dos años abandona la carrera. Se matricula en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, sin embargo tampoco concluye el curso. En 1932 se establece en la ciudad norteamericana de Nueva Orleans y estudia dibujo en el Art and Crafts Club y arquitectura en la Universidad de Tulane. En 1933, tras la caída del régimen de Gerardo Machado, regresa a la Habana, y dos años más tarde empieza a trabajar en la empresa de publicidad Mestre y Cía. En 1952 funda la revista Noticias de Arte, con Mario Carreño y Sandu Darie.

En 1954 viaja por varios países sudamericanos y se acerca al arte concreto argentino. Tras la victoria de la revolución cubana, participa de la comisión del Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba y de la fundación de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), incorporándose a su Comité Nacional como miembro electo. En 1964 es nombrado miembro del Comité de Artes y Letras de la Comisión Nacional Cubana de la Unesco. En 1981 es condecorado con la Orden Félix Varela.

Jaime Bellechasse. Nace en La Habana, Cuba, en 1944 y fallece en Nueva York, Estados Unidos en 1989.

Estudio en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, al triunfo de la revolución cubana, es encarcelado durante siete años por repartir en La Habana “propaganda enemiga”. Emigró a Estados Unidos en 1979 y se radicó en Nueva York en 1980.

Publicó sus dibujos en diversas revistas de Estados Unidos, donde se dió a conocer además, como autor de cuentos. Es digno destacar su colaboración en la Revista Mariel, fundada en 1983, entre otros por el escritor Reinaldo Arenas y asesorada por la destacada etnóloga, investigadora y narradora cubana Lydia Cabrera.

Como pintor y dibujante participó, en gran número de exposiciones en Estados Unidos, México y España, se destaca la exposición colectiva La reunión de partes divididas, entre febrero y marzo de 1984, en Kenkeleba Gallery de Nueva York, Estados Unidos.

Jaime Bellechasse, murió a causa del sida. También como su amigo Reinaldo, optó por quitarse la vida en 1989, ante los estragos del síndrome.

José María Mijares Fernández. Nace en La Habana, Cuba, el 23 de junio de 1921 y fallece en Miami, Estados Unidos, el 30 de marzo de 2004.

Entre 1938 y 1942 estudia con Leopoldo Romañach y Armando Menocal, en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana, donde será profesor desde 1950 hasta 1960. Aunque el origen de su pintura esté profundamente ligado al figurativismo, desde 1953 la geometría gana terreno en sus composiciones y Mijares llega a ser un artista patentemente concreto. Sin embargo, tras partir al exilio en 1968 y establecerse en Estados Unidos, Mijares vuelve a acercarse a lo figurativo, alejándose del arte concreto.

En 1970 asume la dirección de arte de la revista literaria Alacrán Azul, que no pasó de dos números pero logró reunir un grupo importante de escritores y artistas cubanos exiliados, entre los que se destacan Guillermo Cabrera Infante, Jesse Fernández, Lydia Cabrera y Eugenio Florit, entre otros. En el bienio 1970-1971 es becario de Cintas Fundation, y en 2001 recibe el título de doctor Honoris Causa en Artes de la Florida International University.

Juan Pedro Blanco Rodríguez. Nace en Mariel, Pinar del Río, Cuba, el 29 de junio de 1919 y fallece en La Habana, Cuba, el 5 de noviembre de 2008.

Juan Blanco fue pionero de la música electroacústica en América Latina y uno de sus principales valedores en Cuba, donde fundó el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica y creó un festival dedicado a promocionarla, que se celebra cada dos años y goza de reconocimiento internacional. Blanco fue miembro destacado de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, importante institución cultural fundada en 1949, que aglutinó a los intelectuales más avanzados de la época.

Estudió derecho en la Universidad de La Habana. Desde joven se inclinó por la música y la experimentación sonora. Hizo estudios de piano y completó su formación como compositor con el profesor catalán José Ardévol en el Conservatorio Municipal de Música de La Habana. En 1942 registró la patente de un instrumento de su invención que denominó multiórgano.

Coincidiendo con el triunfo de la revolución fue nombrado director Musical de la emisora de radio C. M. Z., que dependía del Ministerio de Educación, y allí creó una Orquesta Sinfónica, un cuarteto de cuerdas, un quinteto de vientos y otros grupos instrumentales, además de un gran coro. Un año después, participó activamente en la fundación e integración de la plantilla de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Blanco compaginó su trabajo como gestor cultural con el de compositor. En 1961 creó Música para danza, una obra considerada como la primera pieza cubana de “música concreta”, y tres años después organizó en La Habana el primer gran concierto dedicado a este género musical.

En 1980, Blanco fundó un taller de Música Electroacústica, semilla del actual Laboratorio Nacional de Música Electroacústica. Un año después organizó el Primer Encuentro Internacional de Música Electroacústica Primavera en Varadero, que tuvo gran éxito y hasta hoy continúa celebrándose en La Habana con carácter bianual. En 1983 fue nombrado presidente de la Federación Nacional Cubana de Música Electroacústica.

Blanco participó en diferentes encuentros internacionales, entre ellos el Festival que en Nueva York dedicó a Cuba la American Composers Orchestra, en 1998, en el que presentó su obra Circus toccata. Ese mismo año fue invitado a realizar una obra en el Laboratorio de Informática y Electrónica Musical del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC) del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid.

Blanco es autor de un amplio catálogo de obras y era miembro de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). En 2000 Cuba le homenajeó con un reconocimiento especial dedicándole el VIII Festival Internacional de Música Electroacústica, y ese año también recibió la condición de Miembro de Honor de la Asociación de Música Electroacústica Española de manos de José Manuel Berenguer, su entonces presidente.

Tristemente hay que decir que por mucho tiempo y a tono con la etapa en que Cuba reproducía el modelo de la Unión Soviética —país que nunca llegó a entender el hecho de que el espacio en el que se dirimen las contradicciones de la cultura tiene que ser público, como mismo resulta público el peso de la censura, y donde además se consideraba que la música electroacústica era un ejemplo elocuente de lo que el realismo socialista valoraba como “arte degenerado de Occidente”—, Juan Blanco fue hostigado desde criterios estéticos, políticos e ideológicos por parte de especialistas y funcionarios dogmáticos de las instituciones cubanas, que no estaban aptos para comprender la propuesta artística de quien en nuestro contexto resultó un adelantado a su tiempo.

Pese a los muchos problemas a los que tuvo que enfrentarse, Blanco no renunció en ningún momento a sus principios ideoestéticos, y así nos legó una copiosa obra, entre la que pueden mencionarse títulos como “Estudios I y II”, “Ensamble V”, “Texturas para orquesta Sinfónica y cinta magnetofónica”, “Estructuras”, “Interludio con máquinas”, “Ensamble VI”, a las que habría que añadir el importantísimo trabajo de elaborar ambientaciones sonoras de exposiciones, hospitales, hoteles y espacios públicos interiores y exteriores.

Ahora, gracias al quehacer del sello discográfico estadounidense nombrado Innova, perteneciente a  la American Composers Forum, ve la luz el fonograma titulado Juan Blanco, Nuestro Tiempo. Se trata de un proyecto que logra concretarse en virtud del apoyo ofrecido por la Fundación Mc Knight, también norteamericana. El material recogido en el CD procede de los fondos del archivo del Laboratorio Nacional de Música Electroacústica, activa institución dirigida por Enmanuel Blanco.

El álbum resulta harto interesante, pues en solo seis piezas consigue dar al oyente una aproximación general bastante acertada a los diferentes caminos por los que transitó la obra composicional de Juan Blanco. Es ese un logro de la curaduría del fonograma, llevada a cabo por el productor musical Neil Leonard.

Así, encontramos en el CD distintos trabajos hechos por computadora, manera de expresión en la que Blanco fue pionero entre nosotros. Otra elección para el repertorio del disco que me parece feliz, fue la inclusión  de lo que constituyó la primera música concreta compuesta en nuestro país, la pieza “Música para danza”, procedente de la segunda mitad de los sesenta de la anterior centuria.

Si bien las seis piezas seleccionadas son representativas del quehacer en conjunto de Juan Blanco, en mi opinión, el mejor tema escogido para el repertorio del CD es “Circus-Toccata, para tape y percusión”, considerada por la crítica como una de las cumbres entre las composiciones del desaparecido maestro y un antecedente de obligatoria consulta no solo para los creadores electrónicos pertenecientes a la escena de la música académica, sino también, y esto es lo interesante, para los hoy harto populares DJs.

En resumen, el álbum Juan Blanco, Nuestro Tiempo, deviene un trabajo de esos a los que habrá que volver una y otra vez, siempre que se aspire a tener una mínima idea de la obra de quien fue una suerte de alien transgresor, incluso dentro de lo valorado como vanguardia musical cubana de los tempranos sesenta; todo un ejemplo de transgresión estética y sociocultural, todavía poco estudiado entre nosotros.

Fotos exposición La isla concreta 2

Obras de La isla concreta 2