Pintores y el Cartel Cubano

Obras de Pintores y el Cartel Cubano

PINTORES Y EL CARTEL CUBANO: NEVER ENDING STORY

Si los carteles se parecen más a su tiempo que a sus autores, ¿a quién se parece la obra de esos pintores? ¿A sus carteles? De Toulouse-Lautrec a Warhol existe un relato poliédrico a este enigma.

En lo que a los artistas cubanos se refiere, esta Exposición intenta dar algunas respuestas.

Desde que a finales del siglo XIX, el ilustrador de origen vasco Víctor Patricio de Landaluze, dio a la imprenta sus Tipos y Costumbres de la Isla de Cuba (1881), la relación de los pintores con la estampa y el cartel, conforma un relato que casi siglo y medio después, es único en la historia del arte moderno y contemporáneo.

Pocos países pueden contar su historia -en este caso sus 120 años de historia-, a través de un soporte tan frágil y efímero como es el cartel, un arte mecánico salido de la piedra, la seda, el zinc o el rodillo de caucho.

Los primeros años de esta liasson, fueron tan intensos o naifs, que al  primer certamen que se convocó en La Habana, para anunciar las Fiestas de Invierno, los artistas presentaron sus obras en lienzos, eso sí, con todo el despliegue tipográfico que el concurso exigía, es decir eran carteles al óleo. Para premiar el único affiche que podía considerarse  como tal , el jurado habilitó un accésit que laureó la obra de Conrado Massaguer, el dibujante, pintor y editor que -después de Landaluze-, puede considerarse el origen de todo. Massaguer fue el primero en importar la  imprenta de offset y en ella desde los años de la Gran Guerra hasta su muerte se editaron carteles, libros de estampas y las revistas más importantes en Hispanoamérica, desde el punto de vista del diseño: Gráfico, Social y Carteles.

En esta época fundacional que coincidió con la llegada del Decó a las vanguardias europeas, se incorporaron otros artistas como Jaime Valls o García Cabrera, que lo eran del dibujo, la plástica o el diseño de muebles e interiores, pero que desplegaron su talento en la publicidad.

En esos años, prólogo de la II Guerra Mundial, llegó huyendo del nazismo, Helmudt Wotzkow, profesor de la Bahuaus. Su magisterio sirvió para que las técnicas de impresión serigráfica se popularizaran entre dibujantes y artistas, lo que llevó a convertirlos a su vez en impresores de sí mismos, emulando lo que antes habían hecho Cheret, Grasset, o Utrillo.

Otro representante fue Eladio Rivadulla y su imprenta, quien editó desde 1941 y hasta el triunfo de la Revolución, más de 3.000 carteles de cine, políticos o comerciales.

Las calles de La Habana eran en esos años de la República, un espectáculo comparable al París  de 1900, con motivo de la Exposición Universal.

Acabada la guerra, los vecinos del norte, alumbraron la última vanguardia: la abstracción  y coincidiendo con ella, una nueva vanguardia criolla experimentó con esa puerta giratoria que lleva del lienzo a la estampación, y de la estampación al óleo: Raúl Martínez, Servando Cabrera, René Portocarrero, el propio Lam… todos ellos representados en esta muestra.

Mariano lo  recordó en una entrevista con la cineasta Marisol Trujillo, directora del documental sobre su obra: “A mí me interesó mucho la técnica de la serigrafía, en Casa de las Américas hicimos una valla de 6 x 3 metros con diversos artistas, aplicando esa mecánica de impresión, pensando que eso podía influir en los pintores. Me refiero a René, López Oliva, Servando, Raúl Martínez o yo mismo. A todos les pedí que lo que ellos hacían con los cuadros, lo hicieran para serigrafía y lo hicieron…”

Antes, Portocarrero ya había iniciado la senda que se impuso desde la caída de Batista, la del pintor al servicio de los mensajes que la Revolución y sus distintas instituciones necesitaban trasladar al pueblo cubano.

Esos “negociados” se llamaron Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), OSPAAAL (Organización de Solidaridad de los pueblos de África, Asia y América Latina) o COR (Comité de Orientación Revolucionaria).

Se dotaron de imprentas, medios (precarios) y personal que procedía de las decenas de empresas publicitarias que operaban en Cuba. Ese Consolidado  de Publicidad, fue la infantería puesta por el nuevo régimen, al servicio de una gráfica que en pocos años, consiguió la categoría de ESCUELA  y contó con la participación de muchos artistas que permanecieron en la Isla, y otros venidos de fuera: Antonio Saura, Roberto Matta, o José Lucci,  que Susan Sontag en 1970, compiló de forma extraordinaria en THE ART OF REVOLUTION.

Esos 20 años que van del 59 al 79, fueron además los que alumbraron a la generación de Muñoz Bachs, Azcuy, Fremez, Beltrán, Julio Eloy, Rostgaard, Oliva, Reboiro, Ñiko… quienes bebiendo de la abstracción, las arts premiers, el pop, el postexpresionismo, el grupo Cobra o los cinéticos, convirtieron el arte gráfico en metáfora visual,  un capítulo de la plástica cubana, que no se puede explicar sin esos afiches, que colgaban de los paragüitas*, en los ingenios azucareros, las fábricas de tabaco y escuelas rurales.

En el año 1979, Cuba fue sede de Carifesta (Festival de Artes del Caribe), durante este evento, se celebró el encuentro La Plástica y el Diseño (el cartel, lo tienen haciendo espejo a este  prólogo, diseñado por Fremez), en ese totum revolutum participaron todos los artistas sin otro orden que el alfabético: pintores, diseñadores, dibujantes, cartelistas, escultores, hasta un total de 268, entre ellos Nelson Domínguez, Bedia,  Fremez o Zaida del Río, con obras en esta exposición.

Poco después llegó el éxodo del Mariel, nueve años más tarde caía el muro de Berlín y la Revolución -o lo que quedaba de ella-, abandonó imprentas, talleres y encargos. No obstante de esa nada o período especial, de la última década del siglo pasado, despuntan los nuevos artistas que completan esta exposición Javier Guerra, Pérez Alonso, Abril, Kcho… quienes ahora ya sí, libres de interpretar mensajes o consignas, se han dedicado a seguir estampando en el Taller de Serigrafía René Portocarrero, el Taller de Gráfica Contemporánea-Nelson Domínguez o en el de algún cuentapropista, donde lo que mejor funciona es el oficio y el reloj de arena.

El cuento continua con Nelson Ponce, Kadir López, Roberto Diago, Los Carpinteros, Raupa…, igualmente deudores de su tiempo y de su origen insular, de la ironía, de la alquimia visual, y de una creatividad inversamente proporcional a la precariedad de medios y materiales con los que trabajan.  La Escuela Cubana, donde el pintor y el artista gráfico se confunden, como antes sucedió con los constructivistas de la Rusia soviética, con los polacos del telón de acero  o con  la estampa japonesa, tiene un relato propio, algo que hemos intentado resumir, quizás para invitar a que algún museo o espacio expositivo, lo aborde con el rigor y los medios que requiere. En cualquier caso esto es solo la primera parte. Próximamente: Pintores y el Cartel Cubano: Never ending story part II.

                                                                                                                 José Luis Rupérez, 23 de enero de 2018

* Paragüitas: mobiliario urbano, a modo de carrusel, que permitía exponer hasta 8 carteles a la vez.

ARTE Y CARTEL: JUEGO DE TRONOS

Con la fundación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) en 1959 surgió la necesidad de aventurar nuevos caminos en lo concerniente a la producción de cine en la Isla: ello comprendía, primero, incorporar a los cineastas profesionales del país a la naciente institución y formar futuros técnicos en casi todas las especialidades de tan importante expresión cultural. Pero una decisión de tal importancia significó, además, la ampliación de los márgenes de exhibición en las salas del país: fue así que pudimos disfrutar filmes producidos en geografías poco tenidas en cuenta antes de aquella fecha fundacional. El público cubano se sintió más informado y culto, capaz de evaluar otras propuestas estéticas diferentes a las cinematografías harto conocidas, principalmente norteamericana pero también mexicana y, en menor medida, argentina y española.

Se creó, en consecuencia, una singular red de Unidades Móviles para llevar el cine a todos los rincones del territorio insular y permitir que, por primera vez en sus vidas, campesinos en llanos y montañas, pescadores, disfrutaran de filmes de ficción, animados y documentales. A la par, nacía la revista Cine Cubano y se fundaba la Cinemateca de Cuba, entre otras acciones para satisfacer las crecientes necesidades surgidas en la efervescencia de los años 60.

De igual modo, la necesidad de promover esa nueva cinematografía nacional y foránea dio pie a otra importante decisión: realizar su promoción sobre la base de carteles atrayentes para influir en la asistencia del público a las salas y así transformar, por ende, la imagen convencional existente sobre los mismos y desatar así uno de los movimientos creadores más intensos en el campo de la cultura cubana de la década.

Interesados en alcanzar tales propósitos, creadores provenientes de la Academia de Bellas Artes San Alejandro en La Habana, o de variados campos de la publicidad comercial, acudieron entusiasmados a colaborar con la naciente institución cinematográfica y la idea de renovar la cartelística cubana para instaurar esa belleza de todos los días en nuestras calles, casas y edificaciones públicas. Otros, graduados en academias artísticas privadas se interesaron igualmente ya que poseían una cierta experiencia en el campo de la gráfica. Unos y otros comenzaron a trabajar y transformar, paulatinamente, el concepto de promoción hasta ese momento instaurado en el imaginario social durante décadas, no muy conscientes, quizás, de la magnitud y trascendencia de contribuir a sentar las bases de una nueva era en la visualidad cubana.

Gracias a esa diversa formación profesional, de inmediato hicieron visibles los signos del cambio. Surgieron de golpe y porrazo asombrosos carteles que se convirtieron, de la noche a la mañana, en expresión artística capaz de interesar, seducir y entusiasmar al público cubano y extranjero. Nacían así, persistentes y tenaces, los que serían conocidos a partir de entonces como los carteles del ICAIC.

El hecho de que Alfredo Guevara, Presidente de la institución cinematográfica nacional y Saúl Yelín, a cargo de las Relaciones Internacionales y principal gestor de su diseño promocional y cartelístico, fuesen profundos conocedores del arte cubano, hizo que varios pintores amigos acudieran al llamado hecho por ambos para la realización de carteles. Todo era nuevo y fascinante en aquel momento de fundación cultural e ideológica: todo, en fin, estaba por descubrir y realizar.

Así, lo habitual devino experimentación en cualquier campo con tal de alcanzar los mejores resultados. Y la apropiación de cuanto ocurría a escala planetaria, en lo cultural y específicamente gráfico, se convirtió, por cierto, en instrumento cotidiano a la hora de la creación siempre y cuando fuese útil a cada diseñador en su mesa de trabajo. Sin prejuicios, con una mentalidad abierta a cruces y encuentros interdisciplinarios, los diseñadores y artistas cubanos se ubicaron en lo más alto del imaginario de la cultura cubana.

Luego de los primeros ejemplos surgidos de la imaginación y el talento de específicos diseñadores gráficos, se materializa el primer cartel realizado por un pintor cubano de renombre, René Portocarrero, el cual tuvo como finalidad promover la Primera semana de cine polaco en La Habana en 1964. Portocarrero plasmó una sugerente imagen de trama barroquizante para aquella cinematografía de la que poco o nada se conocía en el país durante la primera mitad del siglo xx. La información tipográfica para anunciar el evento la ubicó sobre un fondo de signos y símbolos pictóricos de su obra que ocupó luego, magnificada, parte de la entrada a la sala donde se desarrollaría la muestra y así llamar la atención de cualquiera circulando por aceras y calles cercanas. Él mismo cuenta, en una entrevista: «…y también decoré el teatro, no sé si tú te recuerdas, en una forma muy popular, muy sobria, en el cine La Rampa…”. Fue un verdadero despliegue creador en lo impreso y en lo ambiental, emergido de aquella sencilla yuxtaposición de lo tipográfico y pictórico.

Años más tarde, el mismo pintor acudiría a uno de sus famosos retratos de Flora (mujer ícono de buena parte de su pintura) en tanto símbolo para el cartel de la reconocida co-producción cubano-soviética Soy Cuba, de Mijail Kalatosov. Con el paso del tiempo se fundieron este filme y la pintura de Portocarrero mediante una imagen que los ubicaba como caras de una misma expresión cultural. La opinión de Portocarrero sobre el cartel de cine en general, y de las posibilidades de comprensión por el público, resultó paulatinamente positiva: en otro momento, 1978, reflexiona en torno a ello «…yo creo que en los carteles del ICAIC hay una trascendencia sobre la pintura, en relación al hecho de que ha llevado esa pintura —que a lo mejor es un poco hermética para el pueblo— (…) directamente al alma del pueblo…»”

Por otra parte, aunque el pintor Mariano Rodríguez no realizó ningún cartel específico para el ICAIC, se refirió más que elogiosamente, sin embargo, a esa experiencia comunicacional tan poderosa en aquellos momentos: vio en ellos algo excepcional en la cultura cubana, en especial su técnica de impresión, la serigrafía.  En entrevista ofrecida en 1978 a la cineasta Marisol Trujillo dijo: «…A mí me interesó tanto, además, la técnica de la serigrafía, que inclusive en la Casa de las Américas nosotros hicimos unas vallas de 6 metros por 3 con diversos pintores, aplicando la técnica de la serigrafía, pensando que eso podía influir en los pintores. Es decir, me refiero a Portocarrero, Martínez Pedro, López Oliva, Servando Cabrera Moreno, Raúl Martínez, yo mismo. A todo un grupo les pedí que lo que ellos hacían como cuadros lo hicieran para serigrafía. Y lo hicieron…»

Ese sería el inicio y las consecuencias, más que beneficiosas, de una excitante e intensa relación de los artistas cubanos con la cartelística cinematográfica. A partir de ese momento otros destacados pintores: Raúl Martínez, Umberto Peña, Servando Cabrera, e incluso extranjeros como el español Antonio Saura o el Italiano José Lucci, realizan también carteles. El ICAIC se convirtió, pues, en un laboratorio de ensayos sobre la creación gráfica, día a día, no solo en términos de producción e impresiones sino también en cuanto a comunicación visual.

En igual período de tiempo, los diseñadores René Azcuy, Alfredo Rostgaard, Eduardo Muñoz Bachs, Antonio Fernández Reboiro, Antonio Pérez (Ñiko), asumían búsquedas y experimentaciones formales para contribuir a sentar las bases de la cartelística ICAIC: lucharon con denuedo por readecuar corrientes e influencias internacionales en boga y tomar todo lo que resultara conveniente para expresar mensajes gráficos. Sobre ellos recayó, sin duda, el peso mayor de la representación del cartel cinematográfico cubano pues día a día enfrentaban las más variadas condiciones materiales en sus respectivas mesas de trabajo en la institución. Esta pluralidad de visiones enriqueció al cartel sobremanera: el público disfrutaba de diversidad de soluciones y disfrutaba también, poco a poco, la impronta de la serigrafía en las diferentes poéticas personales de cada creador (tanto pictórica como gráfica) sin precedentes.

Fotos de diseñadores de carteles cubanos

Algunos se movieron con soltura en el manejo de diversas disciplinas artísticas como el pintor Raúl Martínez, quien produjo tres importantes carteles para los filmes cubanos Desarraigo (1965), Lucía (1968), y David (1967). En el caso del segundo, concebido para el emblemático filme de Humberto Solás, se trata de un cartel reproducido hasta la saciedad en libros y revistas a partir de una elocuente apropiación del pop art y que nos remite, de alguna manera, a los murales pictóricos realizados por el artista donde figuran campesinos, estudiantes, obreros, mujeres y niños. Dicha estructura gráfica actúa en tanto síntesis del imaginario popular de la nación cubana, en general, y de ciertos íconos políticos del período revolucionario.

Cuando Raúl Martínez decide usar la pintura, como en el cartel realizado para David, escoge un camino de inmediata conexión con la realidad a que hace referencia el filme: lo abstracto es formalizado mediante la apropiación de aquellos letreros escritos por los revolucionarios en las paredes de las ciudades (graffitti político) en su lucha contra el gobierno de Fulgencio Batista en los años 50.

El pintor español Antonio Saura concibió dos carteles: uno para el reconocido filme Memorias del Subdesarrollo, (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, convertido en cita obligada de la gráfica entonces aun cuando muchos enfatizan sólo su carácter enigmático y no sus intrínsecos valores gráficos. Para el filme francés Lejos de Viet-Nam, 1968, Saura logra otro gran impacto gráfico aunque, lamentablemente permanece olvidado entre los tantos carteles producidos en esa época.

El pintor, grabador y diseñador Umberto Peña, quien entre 1968  y 1992 colaboró con el ICAIC realizando carteles para filmes cubanos y extranjeros, promovió ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano celebrado anualmente en La Habana mediante 3 carteles. Con un sobresaliente desempeño en el diseño institucional, y específicamente editorial, en Casa de las Américas durante su permanencia en la misma cerca de 25 años, sus carteles, sin embargo, los mantuvo alejados de su desempeño como pintor. Son obras donde prima el diseño in strictu senso. Así lo hizo ver en los que realizó para Días de vuelo (1966) La noche fue hecha para…(1967), o El Rey y el general (1968), entre otros.

Servando Cabrera Moreno realizó carteles para dos películas cubanas: Páginas del diario de José Martí, 1972, y Retrato de Teresa, 1979. En ellos no hay intento o pretensión de elaborar el mensaje apegado a tal disciplina gráfica sino establecer una conexión directa a su obra pictórica. Así, en el retrato que hace de José Martí a caballo, emplea el dibujo a que nos tenía acostumbrados, rodeado de elementos vegetales que insinúan cierta atmósfera lírica, casi onírica. Para Retrato de Teresa, de Pastor Vega, coloca sobre fondo blanco una mancha roja y, sobre esta, un rostro de mujer muy similar a sus conocidas “habaneras”. En el azul empleado para el cabello completa finalmente la gama de colores de la bandera cubana. Así, de manera muy personal, expresa la voluntad de contextualizar el conflicto femenino en la Cuba contemporánea, esencia del propio filme.

En 1979, para celebrar el vigésimo aniversario del ICAIC y en homenaje a Saúl Yelín, fallecido dos años antes, el Museo Nacional de Bellas Artes organiza una mega exposición con el título 1000 carteles cubanos de cine. Allí, entre las obras de los diseñadores cubanos reconocidos dentro y fuera de Cuba se exhibieron carteles de los pintores que habían colaborado con el ICAIC durante los años sesenta: ello pudo considerarse una feliz conjunción de propósitos y realidades visuales al más alto nivel en el país, demostrativa de intuiciones y facultades estéticas únicas.

Ahora bien, en los años ochenta se observan signos de disminución en la atrayente cartelística cinematográfica cubana, tanto en cantidad como en calidad. El inicio de una crisis económica trajo consigo la disminución de la exhibición de filmes extranjeros, que hasta ese momento disfrutaban una sostenida presencia en las salas del país, así como de la producción cinematográfica nacional. La contracción alcanzó todas las ramas posibles del arte y la industria, la distribución y el consumo masivo de cine.

Los renombrados pintores cubanos apenas participan en la realización de carteles, alejándose progresivamente del camino iniciado 20 años atrás. Como en carrera de relevos le toca el turno, pues, a otra generación de creadores. Así, el fotógrafo e instalacionista José Manuel Fors, realiza carteles para los documentales Lecuona, (1983), de Oscar Valdés y El aire no cuesta, (1984), de Idelfonso Ramos; por otra parte, Antonio Eligio Fernández, dibujante, asume el cartel para el filme Como la vida misma, (1985), de Víctor Casaus y en ese mismo año la dibujante Zaida del Río realiza el cartel para la ópera prima de Orlando Rojas, Una novia para David. Son ellos, y otros jóvenes de fuerte impacto en la cultura cubana entonces, los llamados a continuar la tradición, a superar esa siempre controvertida y polémica relación entre arte y diseño, y a mantenerla viva por encima de dificultades contextuales de todo tipo.

Por su parte, en 1981 René Azcuy realiza el cartel para el documental Mariano, de Marisol Trujillo. Esta obra resulta, al igual que el documental, un homenaje al pintor cubano de indudable magisterio en la primera y segunda mitad de siglo xx. Azcuy se apropia de un símbolo reconocible en Mariano Rodríguez, el gallo, cuya figura coloca al centro y destaca sobre fondo blanco, dominando a plenitud el espacio gráfico bidimensional. De la forma más sencilla posible, deja claro que el título del documental corresponde a ese pintor. Tal modalidad en el uso de códigos o elementos pictóricos específicos de la obra de artistas cubanos, se hizo recurrente en lo adelante al abordarse nuevos carteles para el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano. Con ello conformaron, por así decirlo, una suerte de “identidad” del evento sin que se convirtiese en propósito consciente.

Comenzando la década de los noventa, sigue disminuyendo la producción de carteles y filmes pues la gravedad de la crisis afecta a casi todos los sectores de la economía y la sociedad. Muy pocos pintores jóvenes fueron convocados a realizar carteles entonces, entre ellos Waldo Saavedra para el documental de Jorge Luis Sánchez, El fanguito, y para Hello Hemingway de Fernando Pérez, ambos de 1990, mientras Nelson Domínguez lo hacía para Las profecías de Amanda, 1999, de Pastor Vega.

En 1991, luego de una prolongada estancia en París como embajador de Cuba ante la UNESCO, regresa Alfredo Guevara a la presidencia del ICAIC y de inmediato se propone revitalizar la gráfica, especialmente la relacionada con el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el cual también preside. Son llamados entonces jóvenes diseñadores para realizar la identidad visual del evento y estos, conscientes del legado anterior, validan la apropiación de obras de importantes creadores cubanos.  Imágenes, fragmentadas o completas, de pinturas de Amelia Peláez, Servando Cabrera Moreno, Alfredo Sosabravo, pasan a ocupar destacados planos de la cartelística del Festival, junto a obras de Moisés Finalé, Pedro Pablo Oliva y Ernesto Rancaño: hasta del pintor chileno Roberto Matta quien, gustosamente, facilitó fragmentos de su obra para el diseño de carteles.

Algunos cineastas apelaron directamente a artistas amigos para realizar carteles a sus obras cinematográficas, tal como hizo Mayra Vilasís para su documental Gemas, (1996), donde reconocemos el universo näif de Alicia Leal mientras Lourdes de los Santos convoca al pintor Vicente Rodríguez Bonachea para su documental 7BH, (2001), y a Zaida del Río para su film Estado de gracia, (2000).  Se perpetuaba así, una vez más, la estrecha vinculación del ICAIC con creadores cubanos desde su fundación, la cual es atesorada hasta hoy con celo y cuidado, con sus altas y sus bajas.

Esta exposición, curada por Juan Carlos López Popa, sobrepasa las dimensiones específicas de aquella cartelística que conmocionó a la cultura visual cubana durante años y acaparó la atención de voces dispares en el planeta, como la de la norteamericana Susan Sontag al filo de 1970 en su conmovedor ensayo-libro ilustrado de gran formato. Acude él a lo realizado también por otras instituciones culturales de la Isla como el extinto Consejo Nacional de Cultura (antecedente del actual Ministerio de Cultura), la Casa de las Américas, la UNEAC, y galerías de arte en La Habana, para brindarnos ejemplos singulares, únicos, en esta exposición, entre los que sobresalen el cartel realizado por José Bedia en 1985 para anunciar su exposición personal en el Museo Nacional de Bellas Artes, y el del sonado concierto de los Rolling Stones, 2016, en la capital de la Isla.

Incluye también otras expresiones gráficas, especialmente grabado y collage, de artistas que formaron parte de aquel movimiento revelador de los años 60 como fueron sin duda Wifredo Lam y Raúl Martínez. De modo tal que en este inclusivo y atrayente “juego de tronos” todos los contendientes poseen igual derecho y oportunidades para exhibir sus cualidades estéticas: por tanto, no debe haber vencedores ni vencidos sino pura y sincera democracia de la imagen.

Por último, y como nota curiosa, López Popa invitó a varios artistas y diseñadores cubanos a intervenir páginas del simpático libro para colorear (Fun Book) que Keith Haring diseñó y logró venderse en librerías y museos del mundo. Con buen gusto y humor, siguiendo la línea expresiva del extraordinario grafitero, pintor y activista social norteamericano, lamentablemente fallecido en 1990 en la cima de su carrera, estos creadores (Roberto Fabelo, Nelson Villalobo, Duvier del Dago, Carlos Montes de Oca, Niels Reyes, Fabián Muñoz, Yaimel López, entre otros) alteraron total o parcialmente las páginas del libro con propuestas estéticas y técnicas diversas para formalizar así, en primer término, una suerte de diálogo con la obra del extraordinario artista norteamericano y, por otra parte, relacionar el dibujo, la pintura y la impresión gráfica reproductiva, tal cual el sentido, también, de esta singular exposición.

Pareciera que siempre ha estado presente esa posibilidad, esa conjunción (mezcla, yuxtaposición, enmascaramiento) de valores estéticos en algunos creadores, sólo que ahora López Popa apela a la imaginación de otros: esta vez, en lo esencial, como apoyatura a un discurso curatorial que se sale de los cánones convencionales y que ofrece una dinámica otra al conjunto de las obras.

De suerte tal que esta exposición en soporte de papel es un sagaz pretexto para iluminar una zona de la visualidad cubana no lo suficientemente historiada, investigada y difundida en la dimensión que merece. Como sabemos, la posmodernidad ha enfilado sus cañones hacia lo objetual y espacial, hacia las transversalidades surgidas del cruce de innumerables disciplinas artísticas, técnicas,  científicas, y hacia lo vernáculo y popular, lo colaborativo y digital, intentando restarle significación a lo pictórico y gráfico aun cuando estos asombran al mundo, día tras día, con sus ruidosos precios de mercado, las manifiestas obsesiones de coleccionistas, y las estrategias ideoestéticas de numerosos museos de bellas artes y arte contemporáneo.

Con humildad, modestia y perseverancia, la obra en papel en esta Isla continúa su silenciosa marcha dentro y fuera de su territorio geográfico, entrando y saliendo de todos lados como Pedro por su casa. Nada le amedrenta, nada le hace declinar en el tablero de juego al rey que posee y protege ante los riesgos que asoman, minuto a minuto, por entre las voraces y compulsivas redes sociales.

Si en diferentes momentos Cuba ha sido considerada una isla de azúcar, una isla de corcho, y otra isla que se repite (como disfrutó escribir un día Antonio Benítez Rojo acerca del Caribe) ahora la sentimos en esta muestra como una isla de papel gracias al incansable bregar del galerista y promotor López Popa en busca de una mejor definición que intuye compleja, espinosa.

El constante trasiego por su tierra natal, en los últimos años, le permite pulsar nuestro presente y pasado como si no hubiese nunca partido hacia otros lares. Descubrir ámbitos recónditos de nuestra cultura es descubrirse él mismo, parece decirnos: tarea que nos alienta a muchos, por cierto, estemos donde estemos, seamos quienes seamos.

Esta exposición confirma la multiplicidad de la cultura visual cubana, signada por historias, prácticas y expresiones de toda índole, y por pasiones políticas e ideológicas que transitan este contexto rodeado de agua por todas partes, como corresponde a toda isla que se respete… y sin que imperiosamente resulte una maldición.

                                                                                                                 Sara Vega Miche y Nelson Herrera Ysla                                                                                                                                                                             Enero de 2018

NORMA DE CUBA

Cuba es ese escondite perfecto donde van a parar los fugitivos, las almas perdidas, los caminantes sin rumbo. Algunos se rompen  o vencen al contacto con el vehemente aire salado de la isla, otros se acomodan, se aplatanan y renacen en una vida nueva de la  cual es difícil regresar.

Ella llegó aquí de la mano de alguien que le prometió volver y así no ha sido. ¿Volver a dónde? ¿Acaso no somos de ese lugar donde  debimos haber nacido?Norma Cruz siempre estuvo medio perdida, tuvo una infancia compleja, bordada de abandonos, crisis y dificultades económicas hasta que en la adolescencia empezó su carrera artística en los primeros cabarets de Las Vegas y después comopin-up de desnudos en revistas como Modern Man o Models.

Intentó pequeños papeles en el cine y un día coincidió en una de las frecuentes fiestas que sucedían en Bervely Hills con George Raft, quien ya estaba en uno de sus primeros crepúsculos artísticos. Su papel protagonista en muchos de los filmes de gánsteres de la década de los cuarenta lo había convertido en un asiduo del círculo Meyer Lansky, jefe de la mafia en Cuba.

Lansky un profesional de la extorsión, la noche y sus candilejas,  le invitó a visitar Cuba y le puso en contacto con Nicholas Constanzo “el Carnicero”, dueño del Capri, el último hotel inaugurado en La Habana, bajo la dictadura de Batista. George fue de inmediato contratado como director  del Casino y sus Salones de Juego. Norma, encantada, acompañó a George en su destino habanero y éste le produjo para Ultra Films su primer y único papel como protagonista en Norma de Cuba.

El actor que estaba casado en primeras nupcias con una católica devota (que nunca le concedió el divorcio), seguía visitando Hollywood y teniendo aventuras con algunas de las actrices más famosas de la meca del cine como Mae West y Lana Turner. Norma oficialmente soltera y solitariamente acompañada, comprendió que La Habana era su lugar, que allí la cercanía de los cubanos la hacían sentirse querida, y entonces decidió instalarse en la isla para recuperar afectos y encontrar la felicidad que siempre le fue esquiva.

Normita, como cariñosamente le llamaban por aquí, era una de la sexciting girls más demandada en los espectáculos del Tropicana, que en esa época tenía como director de Orquesta a Bebo Valdés. Hubo noches en que ella salía a pisar boliches rojos por Marianao, abrazada a Nat King Cole, tarareando los arreglos que Armando Romeu le hiciera para su disco con la orquesta de Tropicana, quizas, quizás, quizás…Con la llegada de la Revolución, el actor/gánster tuvo que abandonar precipitadamente la isla y Norma se diluyó en el ambiente festivo y popular que significó la entrada de los barbudos en La Habana. La verdad es que a Norma siempre le aburrió ese círculo de mafiosos del hotel Capri, la fastidiaba escucharlos hablar de putas, cocaína y dinero, y a medida que pasaba la noche solía escurrirse por la puerta trasera del casino, o partir aprisa por la puerta de artistas de Tropicana para fugarse a bailar rumba al solar de La California en la Habana Vieja.

Algunos aseguran que no fue un actor, sino un futuro presidente nortamericano, con el que compartió más de una noche en el Hotel Nacional, el que hizo amarres para mantenerla en Cuba, negociando hasta con Pardo Llada -un influyente fidelista-, para quitársela de arriba, pero en fin, estas serán siempre conjeturas, hipótesis extrañas, asuntos de estado, preguntas a las que ella nunca debió, ni quiso contestar. Su silencio fue una cuchilla de seda, su risa diáfana y aguda cortaba el aire y detenía cualquier duda o sospecha.

Su nacarado rostro atravesaba las calles de Galeano y San Rafael dejando atónitos a quienes tenían la suerte de encontrársela, era una criatura de otro mundo que intentaba asentarse entre nosotros y pasar desapercibida, cosa imposible bajo la intensa e indiscreta luz de Cuba. En el primer carnaval de La Habana revolucionaria, la vimos aparecer en una de sus carrozas y después en algunas secuencias de la TV cubana con Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir, en un atestado Malecón.

La leyenda de sus amoríos sigue, con un comandante mulato de la revolución que tomó el relevo del fugitivo Raft  y su intento de encerrarla en una de las mansiones del Laguito, pero de eso también se libró la “vedette”, a cambio -eso si-, de enseñar protocolo a los altos dirigentes revolucionarios, jóvenes campesinos que bajaron de la Sierra y se enfrentaron a importantes asuntos de estado sin conocer oficios tan diplomados.  El mito cuenta que fue contratada por Celia Sánchez para enseñarles maneras. Existe, incluso, una revista “Revolución y Cultura” donde ella aparece traduciéndole a Fidel durante la Cumbre de los Países No Alineados, pero apenas se le ve la cara, ella ya en esa época intentaba esconderse del foco.

Tomás Gutiérrez Alea la incluyó en el casting para actuar en la famosa película Memorias del Subdesarrollo en el papel de la amante sueca, pero algo extraño sucedía siempre que intentaban revisar los roches, su rostro se velaba, de la película faltaban  fotogramas, era como si su belleza hubiera entrado en un escapismo diseñado por Houdini.

Pasó sus últimos años en Centro Habana, en un edificio que más tarde hizo famoso el escritor Pedro Juan Gutiérrez en su Trilogía sucia de la Habana.  Desde allí maquilló y vistió a cuanta nueva estrella -travestis incluidos- aparecía. Nadie pudo sacarle una sola palabra sobre su pasado, simplemente era Normita, la que vino del yuma, la cartomántica, que un día se echó el santo y  que leía los posos del café  y las manos, mientras mascaba un mocho de tabaco torcido en Vuelta Abajo.

Atinó siempre a leer el destino, la suerte de todos, evitándole una y otra vez malos pasos a su gente, pero lo que jamás pudo lograr fue leer, entender, seguir el hilo de su propia vida.

                                                                                                                   Wendy Guerra. 23 de enero 2017

WIFREDO LAM

Nace el 8 de diciembre de 1902, en Sagua la Grande, Cuba. La variada herencia multicultural de Lam, así como su relación con la santería, se manifiesta extensamente en la obra del artista. A finales de 1942, comenzó su importante obra “La jungla” (1943). Lam desarrolló un estilo propio en el que combinaba el surrealismo con el espíritu y formas del Caribe. Entre 1942 y 1950 realizó exposiciones regulares en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York. En 1964 recibió el Guggenheim International Award, y en 1966 y 1967 se realizaron numerosas retrospectivas de su obra el Kunsthalle de Basilea, el Kestner-Gesellschaft de Hannover, el Stedelijk Museum de Amsterdam, el Moderna Museet de Estocolmo y el Palais des Beaux-Arts de Bruselas. Recibió numerosos premios y reconocimentos. Sus obras se encuentran en los principales museos del mundo. Fallece en París el 11 de septiembre de 1982.

Born on December 8, 1902, in Sagua la Grande, Cuba. The varied multicultural heritage of Lam, as well as its relationship with Santeria, is manifested extensively in the work of the artist. At the end of 1942, he began his important work “The Jungle” (1943). Lam developed his own style in which he combined surrealism with the spirit and forms of the Caribbean. Between 1942 and 1950 he made regular exhibitions at the Pierre Matisse Gallery in New York. In 1964 he received the Guggenheim International Award, and in 1966 and 1967 there were numerous retrospectives of his work the Kunsthalle of Basel, the Kestner-Gesellschaft in Hannover, the Stedelijk Museum in Amsterdam, the Moderna Museet in Stockholm and the Palais des Beaux-Arts of Brussels. He received numerous awards and recognitions. His works are in the main museums of the world. He died in Paris on September 11, 1982.

SERVANDO CABRERA MORENO

Nace en La Habana en 1923. Realiza estudios de pintura en la Academia San Alejandro, donde se gradúa en 1942. En 1946 asiste a un curso en The Student´s League de Nueva York, siendo por época cuando se vincula al teatro y al diseño de vestuario y escenografía. De 1950 a 1954 tiene una breve, pero intensa, experiencia abstracta, bajo la fuerte influencia de Miró y Klee y expone sus resultados en España y Francia. Los temas revolucionarios entran en su pintura en 1959. Su estilo se adecua plenamente a la nueva realidad en su serie Campesinos y milicianos, realizada en 1961 y en la serie Héroes, jinetes y parejas, fechada en 1964. En 1966 inicia una etapa expresionista de larga duración. Luego, sin abandonar los temas anteriores, trabaja en un grupo de cabezas femeninas, y en una vigorosa serie de Rostros guerrilleros. Obtuvo medallas de oro, plata y bronce en distintos salones y otras distinciones. Falleció en La Habana en 1989.

Born in Havana in 1923. He studied painting at the San Alejandro Academy, where he graduated in 1942. In 1946 he attended a course at The Student’s League in New York, being by time when it is linked to theater and design of costumes and set design. From 1950 to 1954 he has a brief, but intense, abstract experience, under the strong influence of Miró and Klee and exposes his results in Spain and France. Revolutionary themes enter his painting in 1959. His style is fully adapted to the new reality in his series Peasants and militiamen, made in 1961 and in the series Heroes, riders and couples, dated in 1964. In 1966 he began an expressionist stage of Long duration. Then, without abandoning the previous themes, he works in a group of female heads, and in a vigorous series of guerrilla faces. He obtained gold, silver and bronze medals in different salons and other distinctions. He died in Havana in 1989.

ZAIDA DEL RÍO

Pintora, dibujante, grabadora, decoradora de cerámicas e ilustradora. Todas estas actividades han sido desarrolladas por una mujer de gran temperamento y fuerza de voluntad, que nació en Guadalupe, Las Villas, Cuba, en 1954. Sus estudios profesionales han pasado por la Escuela Nacional de Arte (ENA) y el Instituto Superior de Arte, ambos en La Habana y la École Beaux Arts de París. Cuenta con numerosas exposiciones y premios. Entre éstos se cuentan el de dibujo en el Salón Nacional de Artes Plásticas de la UNEAC en 1979 y el Primer Premio de pintura de la Bienal del Cairo, Egipto en 1993.

Painter, drawer, engraver, decorator of ceramics and illustrator. All these activities have been developed by a woman of great temperament and willpower, who was born in Guadalupe, Las Villas, Cuba, in 1954. Her professional studies have gone through the National School of Art (ENA) and the Higher Institute of Art , both in Havana and the École Beaux Arts in Paris. It has numerous exhibitions and awards. Among these are the drawing in the National Hall of Plastic Arts of the UNEAC in 1979 and the First Prize for painting of the Biennial of Cairo, Egypt in 1993.

RAÚL MARTÍNEZ

Nace en Ciego de Ávila, Cuba, se consagró como unos de los pintores abstractos cubanos, más importantes de mediados del siglo XX. En 1951 la Universidad de Tampa, Estados Unidos, reconoció su obra, distinguiéndole con la Medalla de Plata. A partir de 1963 inicia una nueva etapa en su carrera que le llevará a transitar por la senda de la figuración, alejándose de los trazos abstractos. También indagó en el ámbito del grafismo a través de la creación de portadas para revistas y libros, así como en carteles cinematográficos. Su labor fotográfica obtuvo numerosos reconocimientos, como el premio al mejor conjunto fotográfico en el Salón Integración racial de La Habana en 1959 y el Primer Premio de Fotografía en el Concurso Carnaval de la capital cubana de 1960. Falleció en La Habana en 1995.

Born in Ciego de Ávila, Cuba, he was one of the most important Cuban painters of the mid-twentieth century. In 1951 the University of Tampa, United States, recognized his work, distinguishing him with the Silver Medal. From 1963 a new stage in his career begins that will take him to walk along the path of figuration, moving away from abstract strokes. He also researched in the field of graphic design through the creation of covers for magazines and books, as well as in cinematographic posters. His photographic work obtained numerous recognitions, like the prize to the best photographic set in the Integration racial Salon of Havana in 1959 and the First Prize of Photography in the Carnival Contest of the Cuban capital of 1960. He died in Havana in 1995.

RENÉ PORTOCARRERO

Nace en el Cerro, La Habana, en 1912. Comenzó su formación artística en las Academias de Bellas Artes de Villate y San Alejandro. Cursó allí estudios entre 1924 y 1926, aunque decidió dejar de lado la enseñanza tradicional y formarse de manera autodidacta. Desde entonces su obra pictórica experimentó varias etapas cuya constante fue la naturaleza, el urbanismo, la gente y las fiestas populares cubanas. En el año 1934 llevó a cabo su primera exposición en el Lyceum de La Habana. En 1937 comenzó su trabajo como ilustrador de libros y catálogos, cartelista cinematográfico, diseñador teatral y ceramista. También destacó por sus trabajos murales para edificios habaneros como la Iglesia de Bauta, el Hospital Nacional, el Teatro Nacional y el Hotel Habana Libre. A lo largo de su vida fue galardonado con numerosos reconocimientos nacionales e internacionales. En 1979 fue nombrado miembro del Consejo de Honor de la Asociación Internacional de Artes Plásticas de la UNESCO. Murió en La Habana, en 1985.

He was born in Cerro, La Habana, in 1912. He began his artistic training at the Academies of Fine Arts of Villate and San Alejandro. He studied there between 1924 and 1926, although he decided to put aside traditional teaching and self-taught. Since then his pictorial work experienced several stages whose constant was nature, urbanism, people and popular Cuban festivals. In 1934 he held his first exhibition at the Lyceum in Havana. In 1937 he began his work as an illustrator of books and catalogs, cinematographic poster, theater designer and ceramist. He also stood out for his mural works for Havana buildings such as the Church of Bauta, the National Hospital, the National Theater and the Hotel Habana Libre. Throughout his life he was awarded numerous national and international awards. In 1979 he was appointed member of the Honor Council of the International Association of Plastic Arts of UNESCO. He died in Havana, in 1985.

ANTONIO SAURA

Nace en Huesca en 1930. Pintor de formación autodidacta, realizó su primera exposición personal en 1950. Entre 1953-1955, residió en París y colaboró con el grupo surrealista. Durante 1966, viajó a Cuba y realizó en Casa de las Américas una exposición retrospectiva de su obra en papel. Colaboró con el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas (ICAIC) con el cartel para el filme Memorias del subdesarrollo, 1968. En 1981, fue nombrado Chevalier des arts et des lettres en París. Realizó la escenografía de diversas obras teatrales y del ballet Carmen de Antonio Gades y Carlos Saura. Su obra es mundialmente conocida y obtuvo prestigiosos premios nacionales e internacionales. Murío en Cuenca en 1998.

Born in Huesca in 1930. Self-taught painter, he made his first personal exhibition in 1950. Between 1953-1955, he lived in Paris and collaborated with the surrealist group. During 1966, he traveled to Cuba and made a retrospective exhibition of his work on paper at Casa de las Américas. He collaborated with the Cuban Institute of Cinematographic Art and Industry (ICAIC) with the poster for the film Memorias del subdesarrollo, 1968. In 1981, he was named Chevalier des arts et des lettres in Paris. He made the stage design of various theatrical works and the ballet Carmen by Antonio Gades and Carlos Saura. His work is known worldwide and won prestigious national and international awards. I died in Cuenca in 1998.

MARIANO RODRÍGUEZ

Nace el 24 de agosto de 1912 en La Habana. En 1928 ingresa en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, para cursar el bachillerato. Solicita su matrícula en la Escuela de Artes Plásticas de La Habana San Alejandro, en la asignatura de dibujo natural y modelado. En 1945 forma parte del comité editor de la revista Orígenes e ilustra Aventuras sigilosas de José Lezama Lima. En 1961 regresa a Cuba donde participa en el Primer Congreso de Escritores y Artistas de Cuba es designado para presidir la sección de Artes Plásticas de la UNEAC ocupará el cargo hasta 1963. Comienza a trabajar en la Casa de las Américas donde es nombrado director del Departamento de Artes Plásticas en 1970 es nombrado vicepresidente esta institución. Se inaugura la Galería de La Habana con una exposición de Mariano Rodríguez y palabras en el catálogo por José Lezama Lima. Participa en la “Exposición de pintura cubana”. En 1989 recibe el título de Doctor Honoris Causa en Arte del Instituto Superior de Arte y la Medalla Haydee Santamaría. Fallece en La Habana el 26 de mayo de 1990.

Born on August 24, 1912 in Havana. In 1928 he entered the Secondary Education Institute of Havana, to take the baccalaureate. He requests his registration in the School of Plastic Arts of Havana San Alejandro, in the subject of natural drawing and modeling. In 1945 he is part of the editorial committee of the magazine Origins and illustrates Aventuras sigilosas by José Lezama Lima. In 1961 he returns to Cuba where he participates in the First Congress of Writers and Artists of Cuba is appointed to chair the Plastic Arts section of the UNEAC will occupy the position until 1963. He begins to work in the House of the Americas where he is appointed director of the Department of Plastic Arts in 1970 this institution is named vice president. The Havana Gallery is inaugurated with an exhibition by Mariano Rodríguez and words in the catalog by José Lezama Lima. Participate in the “Cuban Painting Exhibition”. In 1989 he received the title of Doctor Honoris Causa in Art of the Superior Institute of Art and the Haydee Santamaría Medal. He died in Havana on May 26, 1990.

RAFAEL PÉREZ ALONSO

Nació en La Habana en 1965. De formación autodidacta. Promotor del proyecto Galería-Taller La Lavandería. Entre sus exposiciones individuales destacan: 2015 – Rem, colateral a la 12 Bienal de La Habana Estudio La Lavandería, 2013 – Perfiles Restaurante El Templete, La Habana y Skylines, Galería Orígenes, Gran Teatro de La Habana, 2011 – La ruta del dinero, Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV), La Habana, 2010 – Geografía Nacional, Asociación Cultural, Madrid, 2008 – Después de tanto tiempo, Hotel Meliá Cohíba, La Habana.

He was born in Havana in 1965. Self-taught. Promoter of the Gallery-Workshop project La Lavandería. Between his individual exhibitions stand out: 2015 – Rem, collateral to the 12 Biennial of Havana Study the Laundry, 2013 – Profiles Restaurante El Templete, Havana and Skylines, Origins Gallery, Gran Teatro de La Habana, 2011 – The money route, Center for the Development of Visual Arts (CDAV), Havana, 2010 – National Geography, Cultural Association, Madrid, 2008 – After so long, Hotel Meliá Cohiba, Havana.

JAVIER GUERRA

Nace en 1969, en Isla de Pinos, Cuba. Estudió en la Escuela Nacional de Arte de Cuba y pretendió realizar su primera exposición en 1988, pero el óleo que presidía la muestra (un cuadro de Fidel Castro de 4 x 2 metros, entre pop y expresionista), fue objeto de censura por parte de los comisarios de la cultura cubana. Otro incidente, una versión del famoso cuadro de su maestro Raúl Martínez, “Todos somos la patria” acabó por indicarle, la dirección de salida del panorama artístico cubano. Residió entonces entre París, Barcelona y Madrid, y en ese ambiente creó su primera serie Talento, que expuso en estaciones de metro, bares y puticlubs. Volvió a Cuba y ese fue el inicio de la serie Los Barbudos. En el año 2011 expuso El Arte Fula, en Madrid en Le Garage Modern Art, una de las muestras más completas de su carrera. Ha expuesto posteriormente en Sacramento (Estados Unidos) y en el Centro de Artes Visuales de La Habana.

Born in 1969, in Isla de Pinos, Cuba. He studied at the National School of Art of Cuba and pretended to make his first exhibition in 1988, but the oil that presided over the exhibition (a Fidel Castro painting of 4 x 2 meters, between pop and expressionist), was the subject of censorship by the curators of Cuban culture. Another incident, a version of the famous painting by his teacher Raúl Martínez, “Todos somos la patria” finally indicated the starting direction of the Cuban artistic scene. He then resided between Paris, Barcelona and Madrid, and in that environment he created his first Talent series, which he exhibited in metro stations, bars and brothels. He returned to Cuba and that was the beginning of the series Los Barbudos. In 2011 he exhibited El Arte Fula, in Madrid at Le Garage Modern Art, one of the most complete exhibitions of his career. He has exhibited later in Sacramento (United States) and in the Visual Arts Center of Havana.

ALEXIS LEYVA MACHADO – KCHO

Kcho, Alexis Leyva Machado (Nueva Gerona, Cuba, 1970). Pintor, escultor, instalacionista, grabador, artista del performance y curador, político, diplomático y activista, es uno de los artistas más conocidos de la nueva generación cubana; su obra habla de penuria, migración y desarraigo, y sigue viviendo en La Habana… “trabajo en La Habana y en cualquier lugar donde esté. Soy de una pequeña isla al sur de La Habana, la Isla de la Juventud, en una ciudad que podría estar hermanada con Cataluña porque se llama Nueva Gerona. Estudié en La Isla de 1983 a 1986 antes de viajar a La Habana para continuar estudios en la Escuela Nacional de Arte”. Sus obras están en diferentes museos del mundo, es artista invitado por Italia en la Bienal de Venecia, expone en la galería Marlborough de Barcelona.

Kcho, Alexis Leyva Machado (Nueva Gerona, Cuba, 1970). Painter, sculptor, installationist, engraver, performance artist and curator, politician, diplomat and activist, he is one of the best-known artists of the new Cuban generation; his work speaks of penury, migration and uprooting, and continues to live in Havana … “I work in Havana and wherever I am. I am from a small island south of Havana, the Isle of Youth, in a city that could be twinned with Catalonia because it is called Nueva Gerona. I studied in La Isla from 1983 to 1986 before traveling to Havana to continue studies at the National School of Art. ” His works are in different museums of the world, he is an artist invited by Italy at the Venice Biennale, he exhibits at the Marlborough gallery in Barcelona.

JOSÉ BEDIA

Nace en La Habana en 1959. Desde edad muy temprana edad le entusiasmó el dibujo, las historietas y la ilustración, razón por la que ingresó en la famosa Academia de San Alejandro, siendo, desde muy joven un alumno talentoso que se destacó dentro de su generación. Tras San Alejandro forma parte de los primeros egresados en el recién creado Instituto Superior de Arte de La Habana, de donde se licenció con honores. Iniciador de una transformación radical del Arte Cubano de su tiempo, la cual inauguró con la conocida muestra Volumen 1 de la que formó parte muy activa. Su pasión por las culturas primalistas amerindias se complementaron con sus dedicados estudios antropológicos. Sus obras que se encuentra en colecciones como el Museo Nacional Palacio de Bellas Artes (La Habana), así como el MoMa y el Metropolitan Museum, el Whitney Museum of American Art (NYC), el Guggenheim, el Tate Modern, el Smithsonia Museum (Washington), la Colección Daros (Zurich), el MEIAC, DA2, IVAM, CAAM (España), el MOCA, el MAM y el PAMM (de Miami), ciudad en la que reside desde el año 1993.

Born in Havana in 1959. From an early age he was enthusiastic about drawing, comic strips and illustration, which is why he entered the famous Academy of San Alejandro, being, since he was very young, a talented student who excelled in his generation. After San Alejandro, he is one of the first graduates of the newly created Higher Institute of Art in Havana, where he graduated with honors. Initiator of a radical transformation of Cuban art of his time, which he inaugurated with the well-known show Volume 1 of which he was very active. His passion for Amerindian primalist cultures was complemented by his dedicated anthropological studies. His works are in collections such as the National Palace of Fine Arts Museum (Havana), as well as the MoMa and the Metropolitan Museum, the Whitney Museum of American Art (NYC), the Guggenheim, the Tate Modern, the Smithsonia Museum ( Washington), the Daros Collection (Zurich), the MEIAC, DA2, IVAM, CAAM (Spain), the MOCA, the MAM and the PAMM (from Miami), the city where he lives since 1993.

NELSON DOMÍNGUEZ

Nació en Santiago de Cuba el 23 de septiembre de 1947. Es un pintor, dibujante, ilustrador, escultor, grabador y ceramista cubano. Estudió en Academia de Artes Plásticas San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte de La Habana donde ha sido profesor y jefe del Departamento de Pintura. Ha formado parte de tribunales en diversos concursos nacionales e internacionales y es Premio Nacional de Artes Plásticas de Cuba. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP). Sus obras las encontramos en Cuba, Japón, México, Francia, Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, India, Malasia, Panamá, Brasil, Colombia, etc., y en colecciones privadas de personalidades como la reina de Holanda, Steven Spielberg, Robert Redford, Liv Ullmann, etc.

Born in Santiago de Cuba on September 23, 1947. He is a Cuban painter, draftsman, illustrator, sculptor, engraver and ceramist. He studied at San Alejandro Plastic Arts Academy and at the Higher Institute of Art in Havana where he has been a professor and head of the Painting Department. He has been part of courts in various national and international competitions and is National Prize of Plastic Arts of Cuba. He is a member of the Union of Writers and Artists of Cuba (UNEAC) and the International Association of Plastic Artists (AIAP). His works are found in Cuba, Japan, Mexico, France, United States, England, Holland, India, Malaysia, Panama, Brazil, Colombia, etc., and in private collections of personalities such as the Queen of Holland, Steven Spielberg, Robert Redford , Liv Ullmann, etc.

ROBERTO MATTA

Nació en Santiago de Chile, el 11 de noviembre de 1911. Su formación artística se inició en Chile. Asistió a los Talleres Libres de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde fue alumno del pintor Hernán Gazmuri. En el año 1933 se tituló de Arquitecto en la Universidad Católica de Chile. En 1935 viajó a Europa. En París, conoció al arquitecto Le Corbusier y en Madrid tuvo la oportunidad de conocer personalmente, a Rafael Alberti y Federico García Lorca, dos de los autores más influyentes en la poesía contemporánea. En 1936 se instaló en Londres donde trabajó con los arquitectos Walter Gropius y Moholy-Nagy y se relacionó con artistas e intelectuales británicos. En 1948, el artista sufrió un rompimiento con el movimiento surrealista y decidió volver a Europa, no sin antes visitar Chile para exponer en la Galería Dédalo. Roberto Matta fue reconocido como el último surrealista y uno de los más importantes artistas del siglo XX. Recibió altas distinciones internacionales. El gobierno de Chile le otorgó el Premio Nacional de Arte en 1990. Murió en Civitavecchia, Italia, el 23 de noviembre de 2002.

Born in Santiago, Chile, on November 11, 1911. His artistic training began in Chile. He attended the Free Workshops of the School of Fine Arts of the University of Chile, where he was a student of the painter Hernán Gazmuri. In 1933 he graduated as an Architect at the Catholic University of Chile. In 1935 he traveled to Europe. In Paris, he met the architect Le Corbusier and in Madrid he had the opportunity to meet personally, Rafael Alberti and Federico García Lorca, two of the most influential authors in contemporary poetry. In 1936 he settled in London where he worked with the architects Walter Gropius and Moholy-Nagy and related to British artists and intellectuals. In 1948, the artist suffered a break with the surrealist movement and decided to return to Europe, but not before visiting Chile to exhibit at the Galería Dédalo. Roberto Matta was recognized as the last surrealist and one of the most important artists of the 20th century. He received high international awards. The Chilean government awarded him the National Art Prize in 1990. He died in Civitavecchia, Italy, on November 23, 2002.